Antropología y programación lógica (1991)

by billyr ~ julio 13th, 2008. Filed under: * Recomendados !!, Antropología, Ciencia Cognitiva, Libros.

F11 – Full screen


 

Con veinte años de demora, en esta página se expone mi primer intento de tesis de doctorado, un texto maldito que ha llegado a ser legendario por las buenas y las malas razones y cuya existencia misma se ha puesto alguna vez en tela de juicio. Contrariamente a los mitos urbanos que se han echado a rodar, la tesis nunca fue desaprobada. Nunca fue aprobada tampoco, ya que simplemente rechacé haciendo abandono del campo (y por las razones cuyo fundamento acompaño) un  puñado de observaciones que se hicieron sin que se labrase ningún acta protocolar. Observaciones que veinte años más tarde, ahora ya no  tanto desde el llano, sigo encontrando más insustanciales cada día que pasa.

Admito que la tesis en cuestión no es un ensayo como el que hoy escribiría sobre el tema. Por momentos es algo más que un poco cruda y altiva. El estilo se me ha vuelto extraño y ya no se parece al mío. La obra no rinde pleitesía tampoco a los gurúes locales de la Inteligencia Artificial o de la Lógica académica ni encuentra (al mismo tiempo) novedad y relevancia en sus contribuciones, excesivamente fragmentarias, ingenuas y epigonales para mi gusto. Ni siquiera menciona a estas personas, de hecho, por lo que es fácil inferir que el texto fue responsable de cavar su propia fosa debido a este último factor más que a cualquier otro que alguien se obstine en invocar.

Para colmo, la redacción del libro no hace justicia al paradigma alternativo, esto es, al conexionismo. Yo creía entonces que el aparato de hechos y reglas de la programación lógica estaba destinado a desarrollarse en el futuro, una creencia más moderada de lo que ahora se sueña en torno de las ontologías de la Web Semántica o de los conmovedores empeños de  Google para la traducción automática, proyectos demasiado afines a las profecías  fallidas de la GOFAI(1) para ser objeto de tanto optimismo. En el momento en que se presentó la tesis el conexionismo estaba en una de sus alzas periódicas, elemento de juicio que carece de relevancia formal pero que quizá me equivoqué en no considerar. No fue eso sin embargo lo que se me señaló.

La tesis, empero, no cae en el error (a la moda en aquel entonces) de arrojar el niño de la programación declarativa con el agua del baño de la subsunción de todas las instancias del pensamiento al principio analítico. No confunde, en otras palabras, las potencialidades de una idea con las limitaciones de una implementación particular, ni sostiene que su instrumento sea una especie de bala de plata,  un ropaje adecuado para toda ocasión. Ni sigue tampoco la corriente a los intereses que, desde la academia norteamericana, promovían entonces, con las cátedras latinoamericanas mansamente a la rastra, la muerte de la programación declarativa y la entronización en su lugar de los deplorables  frameworks, punteros y vectores del C++.

Apostaría que fue ese gesto de futileza abismal el que contribuyó a la decadencia del movimiento de la PL más que el hecho (ya por entonces falso) de que Prolog careciese de cuantificadores existenciales o de que existiesen lenguajes más expresivos, lo que en el proceso inquisitorial que estoy comentando se me comunicó como si fuera relevante o como si yo no lo supiera, respectivamente.

Como quiera que sea, el libro que escribí sigue siendo el único tratado en el que se estudia de manera sistemática la posibilidad de modelar cuestiones antropológicas en términos de lo que entonces se llamaba todavía “Inteligencia Artificial”. Por otra parte, el modelado que en él se presenta es concreto y susceptible de ponerse a prueba, dado que durante años estuve programando aplicaciones de la vida real en Prolog en lugar de alentar la estrategia de bajo riesgo de escribir en seudocódigo o de pensar que el conocimiento teórico de un lenguaje es un buen sustituto de la práctica de la programación. Para que la  puesta a prueba fuera posible me preocupé además por describir las reglas del juego del lenguaje, lo que se estimó impropio de una tesis  (independientemente de que se admitiera la buena factura de esa descripción introductoria) por cuanto se supone que esas reglas son consabidas en ciertas disciplinas y no deben ser por ende materia de tratamiento en una disertación de este tipo, aunque la disciplina desde la que ha de ser leída sea muy otra.

Con sus contaminaciones contingentes, sus desvíos didácticos, su fuerte tipeado y su (deliberado) ceñimiento a la cuantificación universal, el código fue escrito sólo por mí, y no por un programador tercerizado que se ocupó del trabajo prosaico mientras yo tocaba de oído la música de la programación lógica, o me afanaba en documentar mis conversaciones con sus celebridades, o en presentar papers olvidables en conferencias internacionales de la especialidad. Por cierto que en el código que escribí hay comandos intrusos que debieron usarse para articular interfaces, procedimientos y menúes; el objetivo de los programas, después de todo, priorizaba la funcionalidad operacional por encima de la pretensión (que se me imputó) de axiomatizar la disciplina, explícitamente negada en el texto (pp. 2, 15, 134, 311-313).

La IA hace rato cayó en desgracia, seguramente por los motivos espurios. Han pasado muchas cosas desde entonces que quizá refiera a vuelta de correo a quien me lo pregunte.  Como fuere, todavía creo que las principales argumentaciones de este raro libro de antropología todavía se sostienen, igual que sus descubrimientos y anticipaciones esenciales. Si se procede a su lectura se verá que establecí cumplidamente:

- La impropiedad de las gramáticas culturales de Benjamin Colby (o más exactamente la demostración formalmente obvia pero pedagógicamente necesaria en nuestras disciplinas de que no se pueden tratar textos o discursos mediante gramáticas independientes de contexto) (pp. 320-327).

- El carácter defectuoso de la axiomática del parentesco Kariera elaborada por Kemeny, Snell y Thompson, o más bien el precepto de que toda axiomática debe ser autocontenida y que cuando alguien se casa con alguien en la sociedad Kariera no debe ser consigo mismo, ni (por elegante que ello sea en el modelo lógico) con gente del mismo sexo o a veinte generaciones de distancia. Esto quizá sea anecdótico para abogados y especialistas en computación, pero la creencia en el carácter ejemplar de esta axiomática es un lugar común de la antropología y de la filosofía de la ciencia que se ha constituido en torno suyo (p. ej. Schuster 1982).

- La indecidibilidad constitutiva y categórica de la analítica del mito propuesta por Claude Lévi-Strauss, un gran avance en un territorio disciplinar hasta entonces sujeto a discusiones futbolizadas, puramente ideológicas, y a una axiología sin control.

- La lógica defectuosa de los juicios de temporalidad de Gregory Bateson y sus silogismos de la hierba. O la convicción, contraria a esto, de que la lógica clásica es atemporal y abstracta, que la expresión “luego” no quiere decir “después”, y que una cláusula lógica tiene que ver tan poco con el discurrir secuencial del tiempo como con la muerte de Sócrates (pp. 275-282). Algunos lógicos saben que aserciones como las batesonianas son falaces, pero muchos científicos sociales las siguen creyendo a pies juntillas.

- La formulación más sencilla y rotunda que existe en el mercado sobre la recursividad, sin las confusiones de Douglas Hofstadter entre mapa y territorio o las alegorías de Edgar Morin sobre los bucles subjetivos y autorreferenciales (p. 302).

- Las referencias más tempranas (pp. 118-121) al algoritmo genético y a las metaheurísticas “inspiradas en la naturaleza” en la antropología de cualquier idioma; también han sido las más tempranas en las ciencias de la computación castellanas de aquellos tiempos, según seguiré afirmando hasta que se demuestre lo contrario. La elaboración sobre este mismo tema en mi trayectoria profesional ulterior condujo al que fuera cronológicamente el primer trabajo seminal sobre AG en arqueología, presentado en 2001 en el simposio de Computer Applications in Archaeology en Visby. Todavía a fines del siglo XX (bien recuerdo mis conversaciones con los especialistas de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires) las carreras de computación en el país no conferían demasiado crédito a las metaheurísticas evolucionarias, cuya relevancia señalé antes que nadie en estas latitudes y a cuyos congresos nuestros especialistas hoy se desesperan por asistir.

- El primer sistema experto apto para el diagnóstico de estilos cerámicos precolombinos de Argentina (incidentalmente utilizado para el diagnóstico clínico, como para probar la independencia de dominio de la máquina de inferencia, por un grupo de destacados psiquiatras ligados a PCCP y al Hospital de Niños). Se trata, dicho sea de paso, del primer sistema experto de código abierto elaborado e implementado en arqueología, y de una prueba viva que demuestra (contradiciendo a Clifford Geertz) que la inferencia clínica es susceptible de una elegante mecanización.

- El posicionamiento del modelado en un nivel de abstracción correcto, sin confundir una vez más el concepto y la cosa, y sin pretensiones de que el objeto que está siendo modelado (un sistema jurídico, por poner un caso) posee en efecto una estructura lógica milagrosamente idéntica a (o sólo modelable a través de) una lógica alternativa particular. Lógica que, en la medida de lo posible, debería mostrarse refractaria a la implementación computacional.

- El cuadro de las correspondencias entre planteos usuales en antropología y las modalidades lógicas más adecuadas para su modelización (diagrama 5.7, página 355). Un cuadro que (junto con la última página de mi libro sobre Estudios Culturales) no estaría mal que se escriba en mi lápida cuando llegue el momento.

- La caracterización del razonamiento no monótono (pp. 84, 155, 262-266 et passim) antes que Carlos Alchourrón (por ejemplo) lo conociera y pusiera en discusión, convirtiéndolo en el eje de sus preocupaciones en los últimos años.

Junto con otras cuestiones que no hay lugar aquí para tratar, este último punto merece una discusión pormenorizada. Escriben Raúl Carnota y Ricardo Rodríguez (2006):

“los intentos de formalización de las obligaciones condicionales que …  llevaron (a Carlos Alchourrón), en un primer momento, a inclinarse, siguiendo a David Ross, por su interpretación como obligaciones prima facie, se conectaron con el llamado Razonamiento No Monótono (RNM) en IA. En su artículo Conditionality and the Representation of Legal Norms, (…) se plantea la problemática de obligaciones en conflicto y es fácil observar que se trata del mismo patrón formal que en esa época motivaba los desarrollos en el campo del RNM, desarrollos que Alchourrón desconocía en ese momento. (…) Posteriormente [hacia 1993-4], y en conocimiento de la existencia de las Lógicas No Monótonas en IA, mantuvo una posición poco afecta a dichos formalismos y sostuvo que muchos de los razonamientos que se deseaban reproducir y que eran inválidos desde el punto de vista de la lógica deductiva, podían ser manejados con esta lógica mediante la explicitación de premisas tácitas.(2) (…) En los años siguientes investigó intensamente sobre el tema de la representación de los denominados ‘condicionales derrotables‘, trabajo que se reflejó en una serie de artículos”.

Me pregunto si un evaluador que había fraguado con el tiempo una postura semejante no habría debido excusarse de tener que juzgar un texto que se fundaba por completo en una postura tan antagónica a sus gustos discursivos. Pero lo más importante es que se percibe fácilmente que los condicionales de Alchourrón son idénticos (y se derivan de la misma bibliografía que él desconocía en ese entonces) de lo que en la tesis caractericé como “reglas revocables” (defeasible rules, pág. 264-265) basándome, insisto, en el mismo círculo de pensadores que el citará tres o cuatro años más tarde: Etherington, Reiter, McCarthy, McDermott, Doyle, Moore (ver también Maranhão 2007). Los textos tempranos de Alchourrón y sus acólitos anteriores a 1991 hablan de revisión, derogación y cambio pero no de revocabilidad y RNM en sentido estricto. Lo que cuenta (en definitiva) es el hecho de que  dos de los tres  estudiosos que evaluaron mi aporte desarrollaron casualmente, algunos años después de haber (o no) leído el libro, asuntos que en mi escritura singularicé como cuestiones que valía la pena investigar.

 

Sin duda alguna mi texto laborioso delata los años que tiene; los estudios tecnológicos, además, envejecen muy mal. Wikipedia, JSTOR y World Wide Web mediante, yo podría haber reformulado la postura, moderado los ímpetus, corregido un puñado de inexactitudes verdaderas que nadie tuvo la lucidez de señalar, ya que se optó por subrayar que era demasiado larga en comparación con los ensayos de Kurt Gödel, o que estaba demasiado bien escrita.

Preferí sin embargo no tocar una sola coma para que quien quiera interrogar alguna de sus ideas pueda hacerlo ahora que todo lo que se escribe es genuinamente público, como las objeciones que este libro suscitó debieron serlo siempre y no lo fueron nunca. Pues no fueron ni siquiera escritas, a decir verdad, como si sabiamente se intuyera que ellas tampoco podrían resistir el paso del tiempo.

.

La tesis, en fin, puede leerse  ahora. No implico con ello que sea eminentemente legible, sino más bien que se encuentra disponible para su lectura mediante el enlace anterior o en la ventana siguiente:

.

Descargar (PDF, 4.79MB)

Referencias bibliográficas:

Alchourrón, Carlos. 1994. “Philosophical foundations of deontic logic and the logic of defeasible conditionals”. En J. Meyer y R. J. Wieringa (editores), Deontic logic in computer science. Normative systems specifications. Nueva York, Wiley and Sons, pp.43-84.

Alchourrón, Carlos. 1993. “Defeasible conditionals as general conditionals plus revision theory”. Wokshop on conditionals in knowledge representation, IJCAI’93.

Alchourrón, Carlos. 1994. “Defeasible logics: Demarcation and affinities”. En G. Crocco, L. Fariñas del Cerro y A. Herzig (editores), Conditionals and artificial intelligence. Oxford University Press.

Carnota, Raúl y Ricardo Rodríguez. 2006. “Carlos Alchourrón y la Inteligencia Artificial”. Análisis Filosófico, 26(1), http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1851-96362006000100002&script=sci_arttext.

Maranhão, Juliano. 2007. “Why was Alchourrón afraid of snakes?” Referido en J.-Y. Béziau y A. Costa-Leite (editores), Perspectives on universal logic. Milán, Polimetrica.

Schuster, Félix. 1982. Explicación y predicción. Buenos Aires, FLACSO.

Imprimir esta entrada (área de datos solamente) Imprimir esta entrada (área de datos solamente)
Visitas a esta página: [pageviews]
[Online]

Búsqueda personalizada en la Web
1456 visitas a esta página desde 18/4/16 - 3 visitas a esta página el día de hoy

Notas:

  1. Good Old-Fashioned Artificial Intelligence []
  2. Extraña premisa antropológica la de este modelador, ahora que vuelvo a pensarlo: presuponer que el objeto modelado es inherentemente consistente, y que el objetivo de la modalidad de lógica en que se lo expresa es el de introducir los mecanismos que sean necesarios para  construir y demostrar esa consistencia, echando la culpa al sistema lógico que se despliega, a la tecnología, a las máquinas de Turing o al modelado informático en general cuando esa condición no pueda ser cumplida []

Share

Leave a Reply

Sitio actualizado el 19 noviembre 2017 @ 21:11 - El contenido de esta página en particular se actualizó el 12 octubre 2012 @ 11:10