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Cuando se lo ve por primera vez,
quizás sea un poco difícil imaginar que un hombre de mirada tan
apacible y menuda estatura, pueda llevar a cuestas una
trayectoria tan extensa en investigación. Su pelo cano y poblada
barba gris, son testimonio visual de la experiencia que acompaña de
forma omnipresente a Carlos Reynoso, reconocido teórico
antropológico argentino, quien estuvo de visita en nuestro país
durante el III Coloquio Internacional de Investigaciones en
Antropología, organizado por la Maestría en Antropología de
LUZ.
La entrevista se desarrolló en el
epicentro de la popular barriada de Santa Lucía. Reynoso, junto a su
esposa Norma, expresaba maravillado la impresión que le causaba la
locación escogida para el encuentro. “¡Es hermoso todo este
colorido!”, refirió.
Nuevas modalidades de
etnografía Sentados en una banca, se
inició la conversación con la pregunta: “¿de qué se trata su
propuesta teórica?”.
“El postulado que
propongo hace referencia a nuevas modalidades de etnografía, a
partir del impacto que han tenido las ciencias de la complejidad, o
las ciencias cognitivas, en los últimos quince años. Este proceso,
nutrido con el desarrollo explosivo en teoría de redes, fue
impulsado a principios del siglo XXI, cuando se comenzó a estudiar
Internet, y se descubrió que ésta era más compleja de lo que
parecía”.
Para complementar lo anterior,
Reynoso, quien es profesor titular de la carrera de Ciencias
Antropológicas en la Universidad de Buenos Aires, explicó que sus
estudios hacen énfasis en las estructuras que permiten vincular
entre sí distintas clases de fenómenos, entre los que mencionó las
redes sociales, los procesos de cambio, los problemas de
epidemiología, y la difusión de ideas y rumores, entre otros. “Es
que cualquier fenómeno dinámico, puede llegar a ser estudiado
mediante las redes complejas”, aseguró.
Aunque las teorías de redes tienen en antropología una larga
tradición que se inició en Inglaterra a mediados de la década de los
cincuenta, en la olvidada Escuela de Manchester, hoy se ha vuelven a
revisar bajo una nueva óptica. Carlos Reynoso refirió que,
increíblemente, las ciencias formales, entre ellas la biología,
están tomando ideas de las ciencias sociales en cuanto a cómo
funcionan las redes. “Viejos conceptos de las redes sociales ahora
forman parte del conocimiento matemático, incluso de desarrollos en
computación muy importantes. A los blogs, por ejemplo, ahora se los
llama redes sociales, concepto ya acuñado en la antropología. Sin
embargo, su uso aplicado a un aspecto relacionado con las nuevas
tecnologías sencillamente demuestra el auge y la vigencia del
tema”.
La conversación prosiguió en medio
de una serena tarde dominical frente al templo de Santa Lucía. La
pregunta de rigor, luego de la anterior explicación fue: A su
juicio, ¿cuál es la utilidad de hacer investigación en esta
área?
“Se ha revelado que la antropología
tiene mucho que ofrecer en materia de herramientas para abordar las
realidades sociales. Antes, esta ciencia estaba limitada en esa
tarea y se la observaba como una especie de forma literaria
interpretativa. Casi podríamos decir, estética. Ahora tiene mucho
que ofrecer en materia de instrumentos para comprender diferentes
clases de realidades. Y cuando digo esto, no me refiero
necesariamente a fenómenos sociales, sino a cualquier clase de
fenómenos. Ahora los modelos del lenguaje adquieren casi la misma
forma de los modelos de los procesos sociales de transmisión de
ideas, difusión de modas, difusión de rumores, clientelismo
político, tráfico de armas y de estupefacientes, por mencionar
algunos. Casi cualquier fenómeno se puede llegar a establecer en los
mismos términos de redes sociales”, dijo el también profesor
de lingüística y semiótica en la Universidad de Buenos
Aires.
Con una particular simpatía que
dibujaba su entusiasmo al hablar sobre su propuesta, Reynoso explicó
que, para entender lo anterior, es necesario comprender una pequeña
y no tan compleja matemática. No una de números, según advirtió,
sino más bien fundamentada en cierta clases de estructuras. “Algo
similar a lo que pretendía llegar el estructuralismo en los sesentas
pero que, por basarse en aspectos casi exclusivamente cualitativos,
no mostraba claramente la naturaleza de esas estructuras. Ahora, esa
naturaleza sí es clara, ¡y eso es algo
maravilloso!”.
Apelando a su experiencia
de más de 40 años en el área de computación, 10 de ellos en
Microsoft, al investigador argentino enfatizó que, muy a menudo,
tales estructuras no son tan mecánicas o simples como se pensó
tradicionalmente en ciencias sociales. Contrariamente, indicó
que hay que pensar en ellas de una forma más abierta, lo cual
permite, a su vez, comunicarse explícitamente con otras disciplinas.
“Estas herramientas de investigación pueden ser aplicadas
perfectamente por arquitectos e ingenieros de software. Con el
abaratamiento de las computadoras y la popularización del Internet,
ya resulta más viable hablar de estas cosas con una mirada
transdiciplinar”.
Antropología: la
invención de las culturas
En la entrevista, que se disfrutaba
por la quietud del ambiente y la tertulia académica, surgió otra
inquietud: “Usualmente se tiende a ver el trabajo antropológico como
una investigación aislada en una tierra remota ¿Cómo encajan allí
las nuevas etnografías?”.
Con hilaridad,
Reynoso responde: “Es recurrente la imagen que refiere a los
estudios en antropología en comunidades aisladas, separada del
mundo, en el corazón de las tinieblas, con un antropólogo que se
encontraba con gente que rara vez había estado en contacto con un
hombre blanco. En torno a esto. es cada vez más claro que se ha
constituido una especie de leyenda muy fuerte que tiene que ver con
todo el proceso colonial en el cual se origina esta
ciencia”.
Para ejemplificar eso, el
catedrático mencionó el caso de Franz Boaz, padre de la antropología
en Estados Unidos, quien estudió a los nativos norteamericanos a
principios del siglo XX. Aseguró que, cuando Boaz necesitaba hacer
una fotografía, limpiaba todo el ambiente para que no apareciera
nada que fuera representativo de la cultura occidental; y hacía que
el indio vistiera con ropa que nunca había usado o que se usaba en
contextos rituales específicos, en lugar de la ropa occidental que
llevaba todo el mundo. “Era como una especie de
reconstrucción, a veces fantástica, a veces incongruente, de la
cultura tradicional. Eso que podríamos llamar la invención de la
cultura. Autores como Adan Cooper, en los 80, escribieron libros
sobre eso, en los que elementos étnicos. También se inventaban
estructuras complejas de parentesco que a los nativos, en realidad,
ni se les cruzaban por la cabeza. Eran estructuras que se creaban a
partir de las preguntas que se formulaban los
antropólogos”.
No obstante, Carlos
Reynoso expuso que, llegado el momento de la globalización, cuando
en todos los lugares empieza a prevalecer una forma cultural
derivada de la cultura mediática de los Estados Unidos y su área de
influencia, la antropología se quedó con muy poco que decir. “Ese es
el momento en el que surgen alternativas en la antropología, tales
como los estudios culturales, que se ocupan de las mismas cosas de
las que se ocupaba antes, pero en el contexto occidental y
contemporáneo, como en el caso de la antropología
urbana“.
A manera de anécdota
ilustrativa, Reynoso manifestó que “una vez estuve en Bali. Veía el
crematorio de un brahmán, y se me acercó un balinés quien me
preguntó en perfecto inglés: where are you from?, a lo cual
respondí: ‘Argentina’. Y él me dijo ¿Argentina? ¡Maradona! Imagínate
el contexto: estábamos viendo el crematorio de un brahmán, algo
extraño para nosotros, pero el fútbol y Maradona eran perfectamente
conocidos para ellos y el resto del mundo. Esta persona luego me
mencionó una cantidad de nombres de otros jugadores argentinos que
yo desconocía. ¡Eso es globalización!”.
Antropología:
adaptación o muerte Desde su
perspectiva, Reynoso piensa que la antropología tiene que adaptarse
a situaciones como la globalización y, para ello, debe tener las
herramientas adecuadas. De esa manera podrá estudiar sociedades
complejas y fenómenos que van más allá del estudio de un pequeño
grupo o de situaciones que pudieran verse como simples. “Ahora se
descubre que nunca hubo culturas simples. Todas las culturas tienen
un grado de complejidad”, dice enfático.
“Quizás la forma de abordarlo era lo simple. Quizás,
implícitamente, se presuponía: esta gente es un poco rústica, pero,
¡qué elaborada que es esta medicina hecha por los salvajes! ¿Cuántas
clases de patatas conocen estos individuos? ¡Qué memoria prodigiosa
tienen! Sin embargo, pienso que todas las culturas deben tener una
forma de abordaje que haga justicia a su
complejidad”.
Al referirse a la
producción antropológica en América Latina, Carlos Reynoso aseguró
que ahora estamos en condiciones de ver que las teorías que nos han
hecho llegar desde el primer mundo, quizás no han sido las mejores y
que, tal vez, se puedan elaborar formas de desarrollo teórico
más adecuadas a las situaciones locales.
“Ese el mensaje que intento comunicar: Que existen
posibilidades instrumentales fortísimas. La antropología no surge
del campesinado ni de las tribus que están en el interior, sino que
es un fenómeno que surge en las ciudades. Tiene un modelo académico
de la cultura y del intercambio, propios de occidente. Es
absolutamente importante que ese modelo se produzca y diversifique
según el contexto. Y que se corte la independencia de la
antropología norteamericana y europea. En ello, subyace una lección
muy grande para la antropología en este momento: o se adapta o
empezará a perder terreno. Creo que la antropología tiene mucho que
enseñar y mucho que aprender de este proceso”, concluyó contundente
este prolífico antropólogo que tiene en su haber más de 50
publicaciones en distintas áreas de conocimiento y que ha servido de
traductor y revisor de casi 30 obras
científicas.
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