Itinerarios antropológicos: Islas Galápagos

by billyr ~ noviembre 29th, 2008. Filed under: Antropología, General, Itinerarios antropológicos.

F11 – Full screen

Que yo me ocupe aquí de estas islas obedece al hecho de que mis profesores de antropología no me proporcionaron una formación decente sobre la evolución o sobre las teorías evolucionistas, la de Darwin entre ellas, y a que en los albores del bicentenario no puedo menos que sentir que algo corresponde hacer al respecto(1). Las Galápagos, genuinas islas de historia, han sido esenciales en la gestación de esas teorías; en compensación, o en justa venganza, vale la pena ocuparse de ellas (o más bien del nexo peculiar entre ciertos lugares, momentos e ideas) con algún grado de detenimiento. Se discutirán en particular algunos conceptos de Charles Darwin y otros de Thor Heyerdahl, confiando en que en este trámite puedan apreciarse las diferencias de calidad e imaginación que median entre ambos.

No hay abundancia de información confiable y actualizada sobre las islas Galápagos; tampoco es fácil conseguir buena cartografía de la región en el dominio público. El mapa satelital de Google™ que aquí he optado por incluir es más o menos aceptable dependiendo del área que se trate, pero se encuentra incompleto. (Si no aparecen los controles para navegar por el mapa, sugiero refrescar lapantalla y aguardar que aparezcan sin mover el cursor).

Esperar que se cargue el mapa de las islas Galápagos…

Como puede apreciarse, en el mapa anterior hay regiones de importancia cubiertas por nubes o no fotografiadas a determinadas escalas de observación. Los datos de cartografía (islas, pueblos, caminos) simplemente no están, porque para las urgencias de la empresa que armó los mapas las islas apenas son, como pocos otros lugares, periferia del tercer mundo. Casi no hay banda ancha en ese lado del planeta y nadie de por allí compra gran cosa por Internet. Los mapas de Google requieren además corporaciones locales de apoyo porque Google no tiene ni aviones ni satélites ni cartografía propia. En este preciso momento político, con Correa en el gobierno, los proyectos de interés para gringos, científicos o no, no son los que más respaldo popular tienen o merecen en Ecuador.

Por todo ello, el usuario debería completar los elementos de juicio que hacen al mapa y al territorio con alguna otra fuente, empezando por este artículo de Wikipedia® pero luego siguiendo mucho más allá. Poco a poco se tendrá en línea lo que nunca se tuvo en papel. Mucho de lo que se agregue allá afuera repercutirá acá dentro, pues esa es la lógica recursiva del hipertexto. Aunque no conviene ser excesivamente optimistas, se espera que estas fuentes vayan mejorando con el tiempo y que la experiencia de navegar por aquí resulte cada día mejor sin que yo tenga que tocar el código subyacente a esta entrada.

Si de Galápagos se trata, la bibliografía obligada de interés antropológico es, naturalmente, Countries visited during the voyage of H.M.S. Beagle round the world de Charles Darwin. Abajo he puesto un enlace con la mejor versión digital del libro, que es neoyorkina pero se basa en la segunda edición británica de 1845. Respuesta a una pregunta de examen: el capítulo que se refiere a las islas es el XVII. Otra más, esta vez para fijar el contexto: Darwin llegó a las Galápagos en setiembre de 1835(2).

Se observará que la cartografía de Countries…, con sus costas ecoicas garrapateadas en tinta china, muestra las islas con su antiguo nombre británico. Para entender dónde estuvo Darwin hay que hacer un upgrade. Albermarle, la isla mayor, ahora se llama Isabela; Indefatigable es Santa Cruz; Chatham es San Cristóbal; Charles es Santa María; James es San Salvador; Hoods es Española; Narborough es Fernandina; Abingdon es Pinta; Bindloes es Marchena, Tower es Genovesa. Cada una de las desinencias, prosodias y sonoridades inglesas usuales está presente en la toponimia; cada estereotipo de nombre de lugar colonial católico español también. Estableciendo un puente entre los mundos la estación científica que está en Puerto Ayora (el poblado mayor, en Santa Cruz) se llama ahora Darwin; hay no pocas antinomias en estas contingencias y alguno que otro oxímoron de colección.

Calle de Puerto Ayora, Santa Cruz

Entre Santa Cruz y Baltra

Exterior de la Estación Darwin en 1993

El aeropuerto, construido por los americanos en la segunda guerra para defender el canal de Panamá, se encuentra en la isla Baltra, acaso la más impersonal a causa de ser sitial de semejante no-lugar. Por minúsculas que sean, todas las islas restantes, sus geologías, sus floras y sus faunas tienen, en la bitácora de Darwin, una cierta idiosincrasia cronotópica. La vividez y lucidez de sus descripciones van más allá de lo que hoy en día es posible articular por escrito, salvo que se cuente con la ventaja de los instrumentos de multimedia y sólo hasta ahí. Faltaba un cuarto de siglo para que él imaginara El origen de las especies; pero algo extraordinario ya estaba bullendo en la cabeza de ese personaje. De ahí que yo optara por usar Countries como lectura heurística de este documento, al lado y por encima del excelente volumen de Lonely Planet.

Leer o bajar Countries visited… (18 Mb). [o leerlo en línea más abajo]

Borrador de un relevamiento de naturaleza y cultura

A diferencia de lo que es el caso con Rapa Nui, las Galápagos carecen de culturas propiamente nativas. No hay moais, ni tikis, ni megalitos, ni pinturas rupestres, ni tabletas con signos de presuntos lenguajes. No hace falta llevar grabador: ningún lugareño podría recitar un haka o escenificar un hula. Hay cero nomenclatura, etimología o identidad micronésica, polinésica o de la insularidad que fuere. El registro arqueológico, hasta donde sé, se encuentra prácticamente vacío de todo rastro de asentamiento permanente.

Ni siquiera hay una tradición folklórica discernible con sus inevitables ukeleles, pareos o collares de flores. Así como la bebida nacional ecuatoriana me han informado los propios actores que es el aguardiente colombiano, y así como la clase media-alta de Quito parece actuar a veces como si Ecuador fuera una nación del Caribe (según me lo confió Hernán Vidal), la reivindicación cultural primaria de los galapaguenses es órdenes de magnitud más evolucionaria que oceánica.

No hay Primeros Pobladores, Indígenas o Autóctonos, entonces. Hay, es verdad, alguna cerámica de formas globulares y troncocónicas de la costa pacífica de Perú y Ecuador expuesta en el pequeño museo de la Estación Darwin (véase http://www.galapagos.org), pero nadie tiene mucha idea de cómo llegó ahí. Los guías de turismo (pude comprobarlo) son eficientes pero improvisan bastante cuando la pregunta del visitante pretende establecer un régimen de cierta precisión.

Vasijas similares al tipo I de Heyerdahl expuestas en el museo de la Estación Darwin

Las hipótesis del anti-antropólogo Thor Heyerdahl, quien encontró en 1953 algunos fragmentos de piezas en superficie o hasta 50 cm de profundidad en las islas de Santiago y Santa Cruz pero no documentó adecuadamente su hallazgo, ya no resultan tampoco dignas de crédito. Queriendo sustentar la idea de que el Pacífico había sido poblado desde América, sin que hicieran falta por ende las técnicas de navegación propias de (por ejemplo) Micronesia, Heyerdahl afirmaba que las vasijas habían llegado a Galápagos en tiempos prehispánicos(3). La información sobre la cerámica es contradictoria: sería “idéntica a la Tiahuanaco”, “de tipo chima” o “distinta a la industria de cualquier otra civilización de la tierra”(4). La tipología y la nomenclatura estilística usada en el estudio es obsoleta y la cronología de Heyerdahl es por momentos imposible, dado que él creía que los navegantes del imperio Inca habían llegado a las Galápagos “mil años antes de Colón”. Huelga decir que no había imperio Inca en ese entonces. Otros textos de Heyerdahl escritos en colaboración con arqueólogos suenan bastante más cuidadosos incluso hoy.

Los hallazgos, sin embargo, se consideran refutados por Victor von Hagen y otros especialistas algo más serios. En 1976 Robert Suggs publicó un análisis de los datos de Heyerdahl, cuestionando sus métodos y sus conclusiones arqueológicas; su conclusión es que la hipótesis de visitas indígenas debe ser rechazada y que la evidencia histórica, botánica y arqueológica indica con fuerza que la cerámica aborigen, si bien existe, ha sido introducida por europeos.

En rigor, no se conservan vasijas enteras de la expedición de Heyerdahl, y las que se exponen meramente son piezas que se asemejan a algunos de los estilos reportados, que son muchos: Castillo lisa, Gloria pulida lisa, Queneto pulida lisa, Tomaval, La Plata, San Juan moldeada, San Nicolás moldeada, Tiahuanaco, Estero, Huancaco, Gallinazo, Virú, Rubia, Valle, Inca. Las tres piezas de la foto de la Estación Darwin corresponden al primero de los tres grandes tipos descriptos por Heyerdahl: (1) grandes jarras de agua, presentes en todos los sitios, con bocas de diámetros de treinta centímetros y cuerpos bulbosos, usadas eventualmente en América también como urnas funerarias; (2) vasijas para cocinar de cerámica más fina y con trazas de fuego; (3) cerámica ornamental o decorativa de tipo Chimú.

Las objeciones de Suggs a las manipulaciones estadísticas de Heyerdahl son diversas y de carácter muy técnico, pero las esenciales conciernen al sesgo del muestreo. En primer lugar, en todos los trece sitios reportados las piezas aborígenes estaban mezcladas con las cerámicas posteriores a la conquista y las europeas, que sólo fueron coleccionadas y tabuladas en siete casos. En toda distribución normal de sitios, aduce Suggs, hubiera sido dado esperar algunos que poseyeran sólo cerámica histórica (A), otros con sólo cerámica aborigen (B) y otros con ambas (AB). La posibilidad de que ambos estilos estuvieran asociados en los trece sitios es de 1/1.594.323. “Esto indica que ambos fueron llevados a las Galápagos por los mismos individuos. Habría sido inusual que los peruanos y los europeos quebraran vasijas exactamente en los mismos lugares a lo largo de un período de varios siglos” (Suggs 1967: 242).

Después de una evaluación algo más positiva en un paper de Edward Lanning (1969) que consulté en el Museo Bishop de Honolulu, no se han publicado estudios profesionales que se relacionen en forma directa con la cerámica de las islas, ni éstas se han vuelto a excavar hasta donde yo sé. Dado que en medio siglo no han habido descubrimientos de cerámicas o piezas indígenas en general, el testimonio cerámico amañado por Heyerdahl constituye, creo yo, un elemento de juicio demasiado espectacular para ser verdad. Con todo, he incluido algunos textos relevantes de esta discusión en la bibliografía.

Tampoco hay una plétora de testimonios de los tiempos históricos, coloniales, por decir un caso, por lo que no es abusivo pasar ahora, de un salto, a la crónica de estos días. En 1993 al menos, las Galápagos casi no tenían infraestructura turística de gran escala. El suministro de energía se cortaba todas las medianoches en la isla más habitada (Santa Cruz). Si se dejaba la puerta abierta (y no era razonable cerrarla cuando uno se encontraba exactamente debajo del Ecuador) los lagartos Amblyrhynchus demarlii “aparentemente estúpidos” (cf. Darwin, op. cit., pág. 387), los Mus Galapogoensis (loc. cit., pág. 378) y los insectos más raros imaginables se apoderaban de las habitaciones. Ningún animal de las Galápagos es demasiado tóxico, garantizaban los libros; pero eso no resultaba suficiente consuelo.

Salvo en lo que respecta al croar de las criaturas, no había muchas opciones de vida nocturna, ya que Puerto Ayora es quizá más modesta ciudad que Quemú Quemú, Choele Choel o Hanga Roa. Es un bonito pueblo, por cierto; ahora ya tiene unos 12.000 habitantes o 30.000 según lás últimas noticias y hasta un centro cultural con weblog propio (Http://www.galapagoscultural.com), pero cuando yo fui había bastante menos que eso.

Durante el día sólo se podía hacer turismo contratando empresas autorizadas y era imposible, por ejemplo, ir por cuenta propia en bote a alguna otra isla, encender fuego en las dunas o quedarse acampando en algún lugar. El paso de una isla a otra requería un ritual de limpieza de suelas de zapatos y estaba prohibido llevarse a casa siquiera una piedra, no digamos ya una planta, un caracol o un trozo de coral. Las consecuencias de esa política eran palpables: era por lo pronto raro encontrarse en un lugar del planeta sin botellas plásticas flotando en el mar, sin marquillas en la arena y sin restos de papel higiénico o futuros coprolitos detrás de cada matorral.

Con todo respeto por la diversidad turística, diré que también se echaban de menos los contingentes de japoneses, taiwaneses y coreanos caminando en formación de falange. Los únicos turistas en modalidad piara que pude ver era un grupo de jubilados alemanes preocupados por el viento caliente que entraba por las ventanas de la guagua que los llevaba en una hora exacta desde la costa de Santa Cruz a un pequeño hotel en la capital. Fagocitando sin parar de hablar lo que en Ecuador se llaman sánduches, ninguno se interesaba en mirar por la ventana hacia el paisaje único y alucinante que se adivinaba tras la nube de polvo, mientras en la radio sonaba (como en el resto de América Latina en esos días) un bolero cantado por Luis Miguel.

En ese paisaje que bien podría ser inspirador para los diseñadores de floras y faunas imaginarias, proliferaba mientras tanto una vida distinta. Más allá de las plantas extrañas, un rasgo notable de las islas es que hay colonias de varios tipos de animales, ninguno de los cuales desarrolló en los 350 millones de años transcurridos el menor reflejo de escape. Nunca hubo grandes depredadores y el objetivo de las políticas proteccionistas es que nunca los haya, incluyendo a los humanos en la interdicción. Por eso es que se puede caminar o nadar por el medio de una colonia sin que ningún ave, reptil o mamífero se espante, ni aun cuando se realice un movimiento brusco. Una vez más, hasta a Darwin sorprendía lo que él llamaba “the extreme tameness of the birds” (p. 398); él documentaba también que en siglos pasados las aves y animales del lugar eran todavía más impávidos, lo que entonces todavía era verdad en las islas Falkland (pág. 399), las mismas que algunos preferimos llamar Malvinas.

“El miedo -escribía Darwin- no es adquirido por animales individuales en el corto plazo, aun cuando se los persiga mucho; pero en el curso de generaciones sucesivas deviene hereditario” (p. 401). No habiendo mucha agua dulce por ahí, en algunas islas de las Galápagos alcanza en efecto con poner agua o escupir en la palma de la mano para quedar en pocos minutos cubierto por toda suerte de pájaros de nombres latinos particularmente multisilábicos que prefieren la cabeza y luego los hombros de uno cuando llega el feo momento de defecar. La probabilidad estadística de que a alguien se le ocurra esta clase de experimentos es por cierto baja, pero puede asegurarse que en ningún otro lugar del mundo se ha visto que suceda semejante cosa con tan pasmosa regularidad.

En mi recorrido por las islas procuré seguir estrictamente los itinerarios de Darwin tal como están reflejados en su libro. Todos los animales que fotografié habían sido descriptos por él, incluyendo por supuesto los célebres pinzones, cada variedad con un pico diferente según la isla que se tratara (ver pág. 379). Como todo el mundo sabe, este hallazgo haría impacto varios años más tarde en su clásico El origen de las especies por medio de la selección natural (1859). El aislamiento de las poblaciones fomenta la diversificación; de lo que se seguiría un corolario relativo: como diría Alan Lomax (un darwiniano) de la circulación global resulta el engrisamiento.

Si aquí me desvelo en hablar de estas ideas no es sólo por los pretextos reivindicatorios o turísticos que señalé más arriba, sino porque en las ideas plasmadas en ese libro cardinal se encuentran los fundamentos de los principales algoritmos de las teorías de la complejidad que me encuentro desarrollando y poniendo en práctica: véase por ejemplo este enlace y también este otro.

Relevamiento fotográfico

En la siguiente galería se puede elegir cualquier foto con el mouse para luego navegar por la colección. Con el botón derecho es posible escoger ampliación, almacenamiento o impresión. En breve estará disponible el comentario darwiniano de cada fotografía. Por el momento, señalemos que una de las fotos muestra exactamente la variedad de pinzón dominante en la isla de Santa Cruz; otra inmortaliza al legendario Lonesome George, un macho de tortuga galápago de unos 90 años que es el último ejemplar de su especie y que todavía está en la isla, concretamente en la estación Darwin, desesperado por perpetuarse como si todo él fuese un meme. No es la tortuga más vieja que viene de esas islas, sin embargo; ese título lo retiene Harriet, una hembra llevada hace tiempo a Australia, que murió hace poco a los 176 años de edad y que tenía unos cinco años en la época en que Darwin pasó por las islas sin por supuesto dar cuenta de ella. ¿Cómo habría de saber cuánto viviría un reptil que entonces no era sino una tortuga más?.

Lo que cuenta a los fines de esta crónica es que Darwin se comió unas cuantas tortugas preparadas al modo gaucho (“carne con cuero”, pág. 377)(5), encontrándolas deliciosas siempre y cuando se las rostizara bien. La carne en sí no es nada del otro mundo, aseguraba, y no puedo menos que estar de acuerdo con eso. Pero las tortugas jóvenes, escribía, hacen una excelente sopa. Darwin también se preciaba a cada rato de haber abierto de un tajo los estómagos de innumerables animales de las islas, principalmente tortugas, aves marinas, focas y lagartos. Con algo así como un mes de permanencia en las islas, no había tiempo para observar pacientemente qué comía cada animal.

Todo eso sería ilegal, cruel y políticamente incorrecto en los días que corren; pero no parece honesto callar la verdad de lo que es, todo ponderado, una historia negra más bien inocente. Si Darwin no era tan mal tipo (diría un Bruno Latour) puede que la evolución resulte un poco más verdad.

***

Hasta aquí mi leve crónica de las islas Galápagos. Invito al antropólogo que vaya a visitarlas algún día a que comparta sus impresiones como yo lo he hecho.

En las fotos se encontrarán algunos darwinismos adicionales. La galería de fotos completa se puede bajar sin escrúpulos de licenciamiento a partir de este enlace: Relevamiento fotográfico de las Islas Galápagos (zip) (790) - 3.48 MB

Galapagos

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Bibliografía:

Heyerdahl, Thor y Arne Skjolsvold. Archaeological Evidence of Pre-Spanish Visits to the Galapagos Islands. Salt Lake City: Society for American Archaeology, 1956. 71 p. Reimpresión en American Antiquity, 22:2, pt. 3 (1956). También en: Millwood, N.Y., Kraus Reprint, 1974; y en: Oslo, Norwegian University Press, 1990. 107 p.

Heyerdahl, Thor. “Preliminary report on the discovery of archaeology in the Galapagos islands”. Reportes del XXXI Congreso Internacional de Americanistas, pp. 686-697 – Bajar o leer heyerdahl-preliminary (pdf)

Lanning, E. P. 1969. “South America As Source For Aspects of Polynesian Cultures”. In R.C. Green
and M. Kelly (eds), Studies on Oceanic Culture History, pp. 175–185. Honolulu, Hawaii: Bernice
P. Bishop Museum.

Suggs, R. C. 1967. A Reanalysis of Galapagos Ceramics Data. Zeitschrift fur Ethnologie 92:239–247. Bajar o leer suggs-reanalysis (pdf)

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Opcionalmente se puede leer el diario de Darwin en la ventana siguiente.
Se recomienda abrirla en pestaña separada (con el icono de la derecha) y en pantalla completa (F11):

Descargar (PDF, 18.05MB)

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Notas:

  1. En una clase que uno de los popes de la profesión recientemente fallecido dictó en el Clínicas, resultó ostensible que el docente en cuestión no tenía idea de la cronología y los contenidos de la obra de Darwin, o de Tylor, o de Morgan, salvo a grandes pinceladas. Uno de los objetivos de esta página es invitar a que se lea esas obras de cabo a rabo y de una vez por todas, como todas ellas merecen que se haga. Recién después llegará el momento de la discusión teórica y del refinamiento del debate []
  2. Las obras completas de Darwin en línea, incluyendo incunables, manuscritos, facsímiles y primeras ediciones, están en el dominio público y se encuentran digitalizadas en este enlace []
  3. Hay más información sobre este excéntrico personaje ganador de un Oscar en la página sobre mapas cognitivos de este blogspot []
  4. Aku Aku: El secreto de la isla de Pascua, Barcelona, 1959, p. 13 []
  5. Cualquier uso cultural de América Latina era más o menos lo mismo para este viajero, cuyo fuerte sin duda no era la dimensión etnográfica []

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